Nuestra plática con Guillermo del Toro: tan romántico como monstruoso

Nuestra plática con Guillermo del Toro: tan romántico como monstruoso
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El cineasta es sinónimo de criaturas fantásticas y oscuridad, pero en ‘The Shape of Water’, su nueva película con la que ganó un Globo de Oro como Mejor Director, demuestra que en el fondo es cursi.

Es difícil asociar el amor con alguien que idolatra a los monstruos desde niño. Guillermo del Tororecuerda que desde su cuna miraba la alfombra de la casa de su abuela y le parecía que más que hebras salían pequeños dedos. Tanto miedo le tuvo entonces a las criaturas que se le aparecían que negoció con ellas: si dejaban de asustarlo, él las adoraría por siempre.

Cumplió su palabra y ha dedicado su vida a filmar películas sobre ellas, hasta les hizo un santoral con sus diseños, pero sus temas lúgubres no lo hacen menos romántico. Tan consciente está de eso que hasta bromea: “Si yo te digo que no creo en el amor, tú respondes: ‘¡Ah, qué Gordo tan prendido, tan sofisticado!’ Y si te digo que creo en el amor, dices: ‘¡Ah, qué Gordo tan cursi!” El director tapatío se enorgullece de su sensibilidad y cree que hablar de amor en estos tiempos es un acto de rebeldía. Incluso comparte una máxima con sus amigos cineastas Alejandro González Iñárritu Alfonso Cuarón: la emoción es el nuevo punk.

“Al mismo tiempo que infinidad de adultos creemos que no hay ninguna posibilidad, hay infinidad de gente enamorándose por el mundo. Si como adulto funcional has experimentando el amor alguna vez, sabes que Rigo Tovar, The Beatles, Buda y Jesús pensaban que el amor es lo único que necesitas. Cuando lo encuentras, arrasa con todo, se evaporan las diferencias y las necesidades”, nos contó Del Toro durante el pasado XV Festival Internacional de Cine de Morelia.

The Shape of Water es su manifiesto sobre este tema y retrata la historia de Elisa Esposito (Sally Hawkins), una mujer muda, que tiene a su cargo la limpieza de un búnker militar estadounidense. Ella se enamora de un humanoide anfibio (Doug Jones) con el que el gobierno hace experimentos en 1962, en plena Guerra Fría. “Es la película más optimista que he hecho. Su mensaje es que sí se puede encontrar el amor como fuerza. Tiene un final hermoso, posible, que es una declaración de amor al amor y al cine”, explica el cineasta, casado con la directora de arte Lorenza Newton.

El Gordo contagió al público su cariño por la oscuridad desde su ópera prima, Cronos (1993), hasta The Shape of Water, su trabajo más romántico aunque sigue retratando ese universo que lo caracteriza. Su conexión con la audiencia es evidente porque en cualquier alfombra roja es vitoreado por sus fans y, cosa rara en un cineasta, no deja el lugar hasta que no plasma la última rúbrica. Incluso la Academia, que no suele reconocer el género fantástico, ha considerado sus filmes para el Oscar, como sucedió con El laberinto del fauno (2007).

INDIFERENTE AL OSCAR 
En la mano izquierda, Guillermo lleva un anillo que se mandó a hacer cuando inició los planes de una película, ahora inconclusa, y explica que sólo se lo quitará cuando ese trabajo sea realizado si no, se lo llevará a la tumba. Ese amuleto es un símbolo de su vida como cineasta y él sostiene que la naturaleza innata de cualquier película es que nunca se logre su realización.

En su caso, revela, ha invertido 25 años al mismo número de guiones, pero sólo ha logrado hacer 10 películas. “Es decir, en mi biografía hay una década de cosas que no suceden”, explica sin perder su característico sentido del humor. Por eso festeja el nacimiento de cada filme más que cualquier otra cosa. Aunque confiesa que disfruta mucho el León de Oro a Mejor Película que ganó este año en el Festival A FONDO Internacional de Cine de Venecia por The Shape of Water, los premios no lo atormentan.

Ni siquiera añora ese Oscar que los críticos tanto le auguran por su más reciente filme. “No me puedo permitir el ejercicio de ponerme a pensar en eso, de ir manejando y en el alto decir: ‘A ver a qué hora’. Imagínate qué horrible vivir así. Los premios son padrísimos, se disfrutan enormemente, pero hay algo mal en ti si sufres cuando no llegan”, asegura y por primera vez en la charla su semblante luce serio.

Le insistimos que aunque un Oscar no sea un símbolo tan importante para él, quizá sí lo es para los mexicanos. Le comentamos que ganar cualquiera de las dos categorías más importantes en la próxima entrega representaría la triada perfecta porque Los Tres Amigos, como se les conoce a Del Toro, Cuarón y González Iñárritu, harían una hazaña. Él se limita a responder con una anécdota de 2007, cuando los tres estuvieron nominados al mismo tiempo, pero en diferentes categorías: González Iñárritu por Babel, Del Toro por El laberinto del fauno y Cuarón por Children of Men. “Dijimos: ‘Güey, a ver quién se trae qué’. Sí había un sentido histórico, era como traerte el Pichichi. Ese año, El labertinto del fauno ganó tres Oscares; algunas ediciones después, Alfonso ganó como Mejor Director (por Gravity) y exhalamos; luego vino Alejandro con dos Oscares consecutivos (por Birdman –or The Unexpected Virtue of Ignorance– y The Revenant) y la exhalación ahora sí fue completa”, recuerda el director.

Para Guillermo, The Shape of Water ya es un premio en sí porque la concibió cuando tenía seis años tras ver La criatura de la laguna negra, de Jack Arnold. Ese día, en su natal Guadalajara, soñó que el anfibio no era asesinado sino que se enamoraba de la chica y casi 50 años después esa carta que escribió al amor y la cinematografía por fin fue entregada.

 

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