Meade Kuribreña para incautos y olvidadizos

Meade Kuribreña para incautos y olvidadizos
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Tienen razón los analistas serios, José Antonio Meade Kuribreña es, cuando menos, cómplice de las fallas y los males del sistema y el régimen vigentes, pues él ha sido parte importante de ambos durante los últimos 20 años, de allí que se explique su ascenso a la candidatura del PRI. Y en realidad, son dos las variables de su vínculo con el pasado: complicidad y responsabilidad.

No obstante, tras la designación de Meade Kuribreña como el “dedeado” del PRI, el régimen y el sistema han lanzado una embestida publicitaria en los medios y sus instrumentos periodísticos para presentarlo como un político “ciudadano” intachable que no ha hecho sino cosas lindas para el país y que, asimismo como él ha afirmado que México le debe mucho al PRI, los mexicanos le deberían mucho a Meade; al perfecto “apartidista” prianista e itamita, por añadidura, que encarna un claro perfil sistémico, neoliberal y tecnócrata.

Antes de argumentar el fracaso de la tecnocracia que incluye a Meade en el poder, un afinado conocedor de la política mexicana, Pablo Gómez, traza su perfil: “Un neoliberal sin titubeos, un tecnócrata de carrera, un político de escritorio, un lector sólo de textos de circunstancia, un alto servidor público desde joven sólo en gobiernos neoliberales fracasados, un temprano defensor de los intereses de la banca rescatada con bonos Fobaproa, un operador del llamado sector financiero del Estado…” (Proceso, 01-12-17).

Juan Villoro lo sintetiza aún más: “Si Peña Nieto habla como quien lee en teleprompter, Meade habla como si leyera una página Excel. Lo extraño es que no aspira a gobernar el Banco de México, sino a gobernar México como un banco.”; (Reforma, 01-12-17).

El panista más priista, el priista más panista. Se cumplen en Meade dos conceptos básicos del sistema que rige al país durante los últimos decenios: el PRIAN y la mafia del poder.

Las dos variables referidas para dibujar al candidato prianista en la perspectiva de la campaña que se aproxima y en función de su nexo con Peña Nieto y el PRI, es decir la responsabilidad y la complicidad, las ha explicado pragmáticamente mejor que nadie hasta ahora Jorge Castañeda, que señala que quien será votado en 2018 no será Meade sino Peña (Lorenzo Meyer también ha hecho una buena contribución en “¿Ser o no ser? Ya no es dilema”, donde conviene en la complicidad de Meade con su bagaje político; Reforma, 30-11-17; las críticas de Julio Hernández también son indispensables).

Suponiendo que Meade en lo personal haya sido un funcionario no corrupto a pesar de ser parte un gobierno dominado y caracterizado por la corrupción y representarlo como candidato (aunque de inmediato salió información de un gran jardín de 2.3 millones de pesos añadido a su casa con valor de entre 14 y 16 millones de pesos, en Chimalistac, según BuzzFeed News, así como que en su declaración patrimonial sólo permite el conocimiento parcial de su fortuna), ¿puede escapar, puede deslindarse de ese gobierno, su corrupción y sus fracasos y asimismo, si agregamos, del fallido y violento gobierno de Felipe Calderón? He ahí la cuestión fundamental en relación al candidato del sistema y del régimen.

La lista de responsabilidades o corresponsabilidades de Meade es larga y comienza al menos como burócrata de altos vuelos con Fox Quesada (y aun tiene parte en el gobierno de Zedillo desde 1997) y se despliega con mayor presencia como secretario de Energía y de Hacienda con Calderón Hinojosa y como secretario de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y de Hacienda con Peña Nieto. Va desde el Fobaproa hasta el crítico gasolinazo de 2017. En todos y cada uno de los abusos y fracasos de los gobiernos que han convertido a México en un estado fallido, que lo han hundido en la miseria y en una crisis de derechos humanos, que lo han despojado de sus recursos estratégicos para entregarlos a las trasnacionales, Meade es corresponsable. Tanto el partido hegemónico como su opositor histórico, fundado por el escindido del callismo, Gómez Morín, han fracasado en su propósito de gobernar a la nación. Y para superar el fracaso o para seguir instalados en él, se han fusionado de facto como PRIAN, acertado concepto de Luis Sánchez Aguilar que ha popularizado López Obrador y ahora lo retoman cada vez con más fuerza los medios. Incluso alguien como Leo Zuckerman lo ha asumido al decir que el PRIAN lo materializa Meade.

Y si bien el PRIAN ha fracasado en la conducción del país, se ha asegurado de enriquecerse, de nutrirse como un parásito monstruoso. Y ese alimento va desde sueldos estratosféricos a la alta burocracia, al robo descarado pasando por el saqueo enmascarado. Dentro del PRIAN todos son beneficiarios. Así, los analistas se preguntan si Meade podrá negar u ocultar, deslindarse de la cola que arrastra como el candidato de los gobiernos de la violencia, la corrupción y la impunidad. La cadena de corrupción de la cual el candidato prianista es cómplice y de la que tendrá que dar explicaciones, es larga. Algunos ejemplos recientes que cita Castañeda: El saqueo de Rosario Robles en Sedesol, la campaña corruptora en el Estado de México, los 100 millones de dólares para Vázquez Mota, la Estafa Maestra, “¿de todo esto Meade no sabía nada; nada, nada, nada?; ¿él no se enteró?”. Y como colofón añade lo que circula con profusión en las redes sociales, la relación del ex funcionario con los exgobernadores corruptos del PRIAN (algunos de los cuales desviaron grandes cantidades a la campaña presidencial de Peña), cuyo testimonio está en videos y fotos de abrazos sonrientes.

Y sobre el tiempo de canallas y canalladas y ante el deseo de deslinde y de purificación del prianista, en una crítica a la tecnocracia que ha creado “una monstruosa desigualdad económica y social” y llevado al país al “primer lugar en corrupción en el continente americano y segundo en el mundo en violencia”, el propio López Obrador le ha lanzado una pregunta: “¿Y dónde estabas Meade? Tú estabas en otro planeta. Tú no tienes nada que ver con eso. Tú no estás relacionado ni con Salinas, ni con Calderón ni con Peña. De modo que tú eres la opción, eres la alternativa. Sí, cómo no, para la mafia del poder, no para el pueblo de México”.

Dejando de lado por un momento el fenómeno de la ignorancia y la pobreza en el proceso de la compra del voto, sin duda, quien decida aplaudir al candidato del régimen y el sistema fracasados, al candidato de la violencia, la violación de los derechos humanos, la miseria económica, la corrupción y la impunidad prianista, y aún más, decida votar por él, o es parte de ese sistema y régimen, le va bien en él y está feliz, o simplemente es incauto u olvidadizo; por no adjetivar de otra manera.

 

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