Burocracia, eficiencia y control político

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Max weber, se refería a la burocracia como un grupo de profesionales que aplicaban criterios científicos a la administración pública. Sin duda, necesaria este tipo de burocracia, con bastos conocimientos en Economía, Derecho, Sociología, Antropología, Contaduría; en fin, todas las ciencias auxiliares del Estado, que permiten eficiencia en los servicios públicos y una mejor planeación para el desarrollo de un país.

Infortunadamente no me refiero a ese tipo de burocracia, me refiero a los que están frente a un escritorio o una ventanilla pública, atendiendo a usuarios, que pueden ser contribuyentes o ciudadanos en busca de resolver un trámite que el Estado les ha impuesto.

Visiblemente malhumorados, enfadados con su trabajo, descontentos con su salario, con cero empatía para quien está frente a su escritorio o mostrador, reciben al ciudadano con desden, con un gesto de prepotencia que les da ese minipoder de la ventanilla, la facultad de decir usted pasa o no pasa esta aduana. El servidor público, de pronto encuentra una pequeña anomalía en la documentación del usuario, en su rostro se dibuja una sonrisa, en su interior también, es esa pequeña venganza, por la mala paga que recibe, por lo rutinario de su empleo y suelta:”está mal, necesito un recibo a su nombre o una certificación o una carta de su jefe de manzana, pero ya será el lunes porque cerramos a la una ” la vendetta está consumada…

Que pasaría si estos servicios publicos pasaran a manos de una empresa privada, que como parte de su competencia en el mercado, ofreciera calidad y atención al cliente, confort para sus usuarios?
Seguramente las cosas serían diferentes, se podrían de moda la cortesía, la amabilidad y el buen trato en las oficinas. No solo eso, la competencia por hacer el trámite de manera mas eficiente tendría a las empresas en franca innovación para que los usuarios no pierdan tiempo, horas-hombre, que se traducen en dinero, ganado o perdido.

En cambio tenemos servidores y servidoras (haciendo uso del lenguaje incluyente) que en su escritorio tienen las gorditas o los tamales, el catalogo de zapatos o de cosmeticos, que son interrumpidos por llamadas personales, por la compañera que lleva la tanda, que les recuerda que es el día de pago. En fin, escenas dignas de novelas kafkianas.

Por qué siguen ahi? Porque un sindicato los respalda, porque le han prometido al partido en el gobierno que le darán su apoyo en las próximas elecciones, que son muchos, que multiplicados por su familia son aun más…

Así, esta clase perniciosa y altamente costosa para los ciudadanos que pagan impuestos, siguen innamovibles y enquistados en las oficinas públicas, esperando un retiro o una jubilación y haciendo lo posible por que su plaza quede para sus hijos, quienes seguramente habrán de reproducir este mismo esquema de “servicio público”

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