Tláhuac, ¿semántica o seguridad?

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Luego del operativo de la Marina de México y el gobierno de la ciudad en que cayeron “El Ojos” y un fuerte grupo de sus operadores en Tláhuac, se ha desatado un debate tan absurdo como banal y que pone de manifiesto la ligereza con que la clase política y buena parte de quienes intentan formar opinión abordan los verdaderos temas de seguridad.

 

Llevamos días con tuits, bromas y declaraciones formales y aparentemente serias de personajes discutiendo si el de “El Ojos” en Tláhuac, era un cártel o un grupo delincuencial, como si la calificación cambiara en algo el sentido de que se trata de una organización criminal que trafica droga, mata, extorsiona y secuestra. Es verdad que, como dice Miguel Ángel Mancera, un cártel es más que eso: produce la droga, la traslada, la coloca en diferentes mercados, etc. Pero también la comercializa, la trafica, la lleva al mercado local. Quizás técnicamente no seael de Tláhuac un cártel pero tiene mucho de él y si lo es o no, no debería ser tema de debate. Se debate la semántica porque no se quiere debatir la realidad.

Lo ocurrido en Tláhuac tiene orígenes añejos. Se hizo público con los linchamientos de los policías federales en 2004, cuando López Obrador era jefe de gobierno, Marcelo Ebrard secretario de seguridad pública y Fátima Mena delegada. El jefe de la policía local era Rigoberto Salgado, el ahora delegado de Morena en Tláhuac. Salgado, cuando los policías federales fueron linchados y quemados vivos por una turba, no hizo nada, ordenó no intervenir, no movilizó un solo elemento. Los policías federales fueron secuestrados por un grupo de pobladores azuzados por elementos del EPR y  narcomenudistas locales: unos pensaban que los policías los estaban investigando, los otros que iban contra ellos porque no eran de sus policías “conocidos”. A dos los mataron, los quemaron vivos, el otro quedó gravemente herido. Si el ahora delegado no hizo absolutamente nada para impedirlo, la delegada Fátima Mena, llegó al lugar, acompañada por los policías de Salgado, y decidió que lo que ocurría era incontrolable y se retiró. Ebrard vio todo por televisión y no hizo absolutamente nada (y por eso perdió la secretaría de seguridad pública aunque López Obrador lo recompensó con creces: le dio la secretaría de seguridad pública y luego la candidatura al gobierno de la ciudad). Para López Obrador los linchamientos como los de Tláhuac, que se sucedían en distintos lugares de la ciudad, eran “usos y costumbres de los pueblos indígenas”. Fue la época más insegura en la vida de la ciudad de México, que ocasionó aquella famosa marcha de blanco que el jefe de gobierno López Obrador calificó como una marcha del pirruris.

Desde aquellos hechos de Tláhuac de 2004, la delegación, controlada políticamente por los cuatro hermanos Salgado que desde el PRD saltaron a Morena, se convirtió en una suerte de zona liberada. El grupo de “El Ojos”, sobrevivió a la caída de quienes fueron primero aliados y luego rivales: la banda llamada La mano con ojos, que operaba en el otro extremo de la ciudad. Si La mano tenía relaciones con grupos que provenían del Estado de México y Michoacán, “El Ojos” tenía relación con quienes los aprovisionaban desde Morelos y Guerrero. La Manofue desarticulada, pero ha tenido sucesores. “El Ojos”se fortaleció notablemente y comenzó a crecer en narcomenudeo en distintas zonas de la ciudad, y lo hizo a sangre y fuego, sea en Ciudad Universitaria o en la colonia Condesa, en las colonias populares de Álvaro Obregón o Coyoacán. Pudo hacerlo porque tenía una fuerte base de apoyo y operación en la delegación Tláhuac (la más lejana y olvidada de la ciudad) y porque los cuatro hermanos Salgado jamás lomolestaron.

Fue el crecimiento del grupo hacia otras regiones de la ciudad lo que comenzó a llamar la atención. También los métodos de control de territorios apelando a la misma violencia de los grandes cárteles, con los que inevitablemente  tiene que estar asociado para la venta de drogas. Todo indica que serían brazos del cártel Jalisco Nueva Generación que además tiene fuerte interés en el aeropuerto capitalino que es uno de los principales centros de operación de drogas y otros productos ilícitos, simplemente por el enorme tráfico y movilidad existente en él.

No es verdad que la administración Mancera haya ignorado a los grupos criminales en la capital. Creo que ha tenido, en se sentido, una política inteligente. Hizo lo que recomiendan las autoridades de las grandes ciudades ante el consumo de droga: controlarlo, administrarlo. No se puede acabar con las drogas dentro de una gran ciudad cuando hay millones de consumidores, pero lo que sí hay que hacer es evitar que crezcan grupos poderosos, que tengan control territorial y que puedan ir creciendo en otros delitos como secuestro y extorsión. Eso hizo “El Ojos” porque la autoridad de Tláhuac se lo permitió y protegió, en una visión que muestra perfectamente cómo piensa lidiar Morena con los temas de seguridad, para los que no tiene una sola propuesta.

Por cierto ¿sabe quién está elaborando temas de seguridad para López Obrador, su amigo, después enemigo y ahora nuevo amigo? Joel Ortega, aquel que tuvo que abandonar la SSP de la ciudad por el caso News Divine, que se peleó con Ebrard, regresó como director del metro y dejó a medias la investigación de la Línea 12, y que ahora en un giro espectacular vuelve con López Obrador… y Ebrard.

“El Ojos” y su banda se alimentaron de la impunidad que demostraron los hechos de Tláhuac en el 2004, desde allí se fueron haciendo fuertes y creciendo, controlando territorio y ampliándose a otros, teniendo como objetivo toda la ciudad. Discutir la semántica, si es cártel o grupo delictivo es una tontería, tendría que alegrarnos de que ese grupo criminal haya sufrido golpes casi definitivos y comenzar a trabajar para deshacernos de sus tentáculos, comprendiendo cuáles fueron las políticas y personajes que dejaron que crecieran y existieran personajes como “El Ojos”.

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