Educación y Calidad

¡Comparte esta nota!

 

@JosFranBaeCo

La educación siempre ha sido considerada por la sociedad como una actividad de gran importancia, en cada periodo histórico, sus objetivos han variado conforme el contexto imperante, de la misma manera que ésta ha contribuido a gestar transformaciones sobre el entorno en muchos casos. Actualmente, dentro del mundo globalizado y en el marco de un paradigma complejo y neoliberal, la educación se ha vinculado con el concepto: calidad.

 

En México, el artículo tercero de la Constitución Política, como instrumento que señala la orientación a seguir en el sistema educativo nacional, se modificó para hacer referencia de manera expresa al mencionado vínculo educación-calidad al señalar a partir de la reforma educativa:

 

“El Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos”.

-DOF 26-02-2013-

 

Agregar el concepto “calidad” al texto base de la educación en México, sólo hace evidente un objetivo obvio y un derecho de todos los mexicanos que se traduce en una obligación para el Estado, no aporta algo nuevo. Sin embargo, los resultados indican que la calidad no ha sido históricamente la meta para el sistema educativo mexicano.

 

México ha incrementado su cobertura en educación básica de 68.1% en 1994 a ser casi universal en la actualidad –INEE, 2008-, no obstante este significativo avance en la matriculación, no siempre ha ido acompañado de la infraestructura idónea, las escuelas unitarias o multigrado, aquellas donde un sólo profesor imparte simultáneamente clases a estudiantes de dos o más grados diferentes han sido una de las estrategias principales para el incremento de la matrícula y representan el 44% de las escuelas primarias en el país. La loable la labor que realizan los profesores de estas instituciones, no obsta para señalar que las condiciones que enfrentan son desfavorables para llevar a cabo un proceso educativo de calidad.

 

Los resultados del aprendizaje constituyen otro aspecto a considerar, el desempeño de los estudiantes mexicanos en evaluaciones internacionales es un punto de referencia para ubicar los niveles de aprendizaje del país en el contexto mundial, dos de esas evaluaciones el Tercer Estudio Internacional de Matemáticas y Ciencias (TIMSS) y el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo, han arrojado en diversas ediciones resultados poco favorables para México, el promedio de los estudiantes mexicanos es reprobatorio, en cuanto a lectura poco menos de 7% de los estudiantes evaluados pueden considerarse buenos lectores, existen desventajas marcadas en matemáticas y ciencias naturales respecto de otros países y éstas se acentúan en las escuelas indígenas y multigrado como síntoma de desigualdad.

 

“La educación no comienza cuando el niño traspone el umbral de la escuela primaria ni finaliza cuando suena la campana y terminan las clases. El aprendizaje comienza al nacer; ocurre en la familia, en los vecindarios, en las comunidades, durante el juego. Los maestros en la vida son los padres, madres, hermanos, hermanas, compañeros, compañeras, lugares de trabajo y medios de difusión” –UNICEF, 2013-. Pero el Estado tiene la obligación de garantizar este derecho en sus instituciones para los Mexicanos y los pasos que se han realizado son frugales y discontinuos: la evaluación docente, la reciente publicación de un “nuevo” modelo educativo con pocas novedades, son trazos desordenados en un paisaje que está muy lejos de consolidarse.

 

 

 

 

 

 

COMENTARIOS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *