La ilusión de una soberanía nacional

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Número 01

La Constitución Mexicana en su artículo 39 establece la noción de soberanía popular, cuando menciona que: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de este. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno” (Art. 39 CPEUM).

Vale la pena revisar este artículo que expresa un ideario filosófico, emanado de la revolución francesa, inmaculado teóricamente, pero que resulta inexistente al menos en la realidad nacional a 100 años de la Constitución de 1917, el artículo que establece el fundamento de una República democrática es inaplicable en la práctica, el Pueblo secuestrado por ideologías de partidos, intereses políticos, ineficacia en el gobierno, reduce su participación en el poder soberano a la mera emisión del voto, que apenas en algunas ocasiones resulta efectivo para la elección de representantes.

No en vano se menciona que “Éste es uno de los problemas más arduos de la filosofía constitucional ¿Cómo ejerce su poder el pueblo? ¿De qué modo se hace efectiva esta declaración constitucional? Para empezar, ¿qué es el pueblo?, ¿cómo se constituye realmente, y cómo se expresa?”(Andrade, 2011: 112). Preguntas que quizá intencionalmente han sido omitidas en la regulación constitucional de la soberanía y permanecen limitadas al ideario filosófico del artículo 39.

Resulta falaz la sentencia de que el poder se origina del pueblo y para beneficio de este, resulta irrisoria la consigna de que el pueblo tiene en todo momento el derecho de transformar su forma de gobierno, cuando ni siquiera existen mecanismos constitucionales para la revocación de mandato. Una revolución, parece ser el único camino visible para hacer efectivo estos derechos de soberanía del pueblo cuando las vías institucionales y reglamentarias no han sido desarrolladas legislativamente y en la experiencia los pocos mecanismos generados como el régimen de responsabilidad de servidores públicos, la transparencia y rendición de cuentas se aplican a conveniencia y destiempo, convirtiéndose en pequeñas válvulas que cada vez resultan más insuficientes para contener la presión que genera el ahorcamiento de la sociedad nacional.

 

Por otro lado, La soberanía es una característica atribuible al poder público dentro del Estado, se espera que dentro de la organización estatal, entre todos los poderes que subsisten en ella, facticos y formales, el poder que el pueblo deposita en el Estado sea el mayor, el más fuerte, para que pueda ordenar o decidir sin ninguna influencia perniciosa. “La soberanía es la capacidad decisoria suprema en una determinada comunidad. Es el poder que decide sobre cómo se organiza la vida en común, cómo y por quién se ejerce el gobierno sobre ella y qué reglas deben acatar sus miembros, así como los castigos para quienes desobedezcan”. (Andrade, 2011: 106), con ello, vale la pena preguntarse, si el poder público, la soberanía del Pueblo depositada en el Estado Mexicano, es más poderosa que los factores económicos, el crimen organizado, los intereses de corporaciones particulares y muchos otros poderes fácticos que permean en el México actual, una razón más por la que el artículo en comento se califica como inaplicable.

¿Vale la pena reformarlo? Más bien vale la pena buscar los mecanismos para hacer efectivo un ideario planteado hace 100 años por el poder constituyente y en el cual prácticamente los avances son nulos.

 

LA REALIDAD MÁGICA JURÍDICA

(Derechos que no se aterrizan en los hechos)

Dr. José Francisco Báez Corona

@JosFranBaeCo

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